26 de noviembre de 2006

EXCLUSIVO: HABLA LA VIDENTE QUE GUÍA LAS DECISIONES DE KIRCHNER

La charla se produce entre risas. Con un turbante de tul violeta, un vestido de plush ceñido a su obeso cuerpo, y con un anillo de oro negro en sus manos de 70 años, la vidente del presidente nos cuenta las anécdotas del poder por veinte pesos. Cobra treinta si querés que te cuente la historia con los dientes postizos puestos. Luego de de una ardua negociación con la tesorería de EL FUNDIDOR, logramos obtener los diez pesos extra en concepto de viáticos.
Se trata de la Sra. “Conductora de Telefé Noticias”, utilizamos este nombre en clave para no poner en riesgo su integridad física, aunque su apariencia nos hace pensar que es difícil empeorar su condición. Sufre la inédita “Hepatitis X” (como los expedientes, pero hepatitis) que la aqueja desde sus tempranos 60, y que contrajo cuando tuvo relaciones sexuales con un camión de bomberos al mismo tiempo que con los bomberos que lo conducían.
Rechazamos por cuarta vez en 4 minutos un vaso del nacionalísimo whisky “Doble V”, ya que el cadáver que tuvimos que correr de la banqueta para sentarnos nos había cerrado el estómago, a mí y a mi fiel asistente, el Sr. Li.
A pesar de las reiteradas quejas de la anciana por los manoseos que le propinaba el Sr. Li, accedió a comentarnos su primera anécdota. Se remonta a finales del año 2002, el muro de Berlín había caído, la Unión Soviética ganaba la copa del mundo y en México eran prohibidos los picantes y el tequila. “Fue entonces cuando me metí un plumero en el culo y le dije a Néstor que iba a ser presidente” y concluyó la frase con un solemne “y me creyó el pelotudo”. Y lo que empezó con una visión se convirtió en realidad.
“Me encontraba en el hipódromo de Australia cuando sonó mi teléfono, tuve que ir hasta mi casa que quedaba a 5 cuadras de ahí para atenderlo” describe sobre el segundo contacto con K. “¿Qué hago con el FMI?” habría preguntado desesperado el primer mandatario. “Yo le dije 'pagales y no rompen más'”. Después de expeler un gas, comenta entre risas que ella pensó que se refería a la empresa mafiosa “Fueron, Morosos Incobrables”, que le había roto las rodillas con un atado de acelga a los 12 años por no pagar la cooperadora de la escuela. Pero el presidente, fiel a sus poderes obró en consecuencia.
La vidente también se atribuye el haberle conseguido mujer al presidente. “Las minas no le daban bola… si para hacerse un paja se tenía que emborrachar la mano antes…”, afirma la anciana. Pero ella solucionó el problema dándole una fórmula que haría que la mujer que él quisiera se quedara con él toda la vida. “Heroína”, comenta la talentosa mujer mientras se come un superpancho. Un pinchazo todos los días hace que a la Primera Dama se le haga imposible dejar al pobre de Néstor.
Nos tuvimos que retirar abruptamente de la casa de la vidente porque le dio un repentino y constante ataque de eructos. En el tercer provechito los dientes le salieron disparados y dieron en la rodilla del Sr. Li, lo que le provocó una rotura de ligamentos cruzados, y consecuentemente quedó fuera del mundial.
En la parada del 29, donde retoco con mi Olivetti portátil los detalles de esta crónica, pienso en qué bueno que debe ser saber el futuro. Pero también me asusta el hecho de que tanto poder caiga en manos equivocadas. Me voy, antes de que me vea el Sr. Li y quiera que lo acompañe al hospital o que llame a una ambulancia. Chofer, 75 por favor y ¡siga a ese taxi!.

15 de noviembre de 2006

UNA HISTORIA DE VIDA

Había nacido en Varsovia, ya nadie recuerda cuándo. Todavía muy joven, huyendo de alguna guerra, subió a bordo del primer barco que salía del primer puerto que encontró. “Ochenta”, le murmuró al capitán. Pagó y fue a ubicarse en el fondo, como en la escuela.

Tras varias semanas de surcar el océano, recaló en puerto desconocido para él. Vladimir desembarcó, vio las luces prometedoras del centro, el reluciente adoquín, la democracia liberal, las mujeres ídem... “Me quedo”, decidió.

Salió del puerto y caminó sin sentido durante largas horas. En una casa de empeño entregó su reloj, sus medias, el iPod y 200 cm3 de esperma que había obtenido de un marinero belga. A cambio, recibió unos pocos pesos que apenas si le alcanzaban para pasar una noche en la segunda pensión menos infecciosa de la cuadra.

Sin embargo, en vez de desperdiciar su dinero en algo que sólo le duraría una noche, decidió invertir su pequeña fortuna. Dudó entre el hipódromo o la bolsa de comercio. “No confío en el azar –se dijo–, invertiré mi capital en el maravilloso juego–ciencia caballar”.

Ganó fortunas.

Tiempo después, le compró a un ex gobernador la franquicia del comercio de estupefacientes a lo largo de la cuenca del Sarmiento, desde Once hasta Moreno. Era amo y señor de su zona y las paredes lo atestiguaban: “Vladimir capo del Oeste”, rezaban los graffitti.

Para entonces ya se había olvidado de sus viejos amigos y había cambiado todo su guardarropas. En seguida compró un piso frente al Botánico, cambió el acento polaco por el tono nasal de Recoleta y se hizo habitué de las discotecas de moda, el éxtasis, los celulares y la música electrónica. Desde entonces, en su antiguo barrio lo conocen como...


“El cheto de Varsovia”.